El toreo es la actividad más complicada de cuantas existen. Para que se produzca el triunfo han de confluir factores que se escapan a la preparación, disposición, habilidad y conocimiento humano. Se dice que “el hombre propone, Dios dispone y el toro descompone”, y es cierto. Un empresario puede organizar el festejo más justo pero eso no le garantiza la respuesta del público. El torero puede estar más que concienciado y el ganadero haberse esmerado en la cría de los toros, pero nunca hay seguridad de éxito.

Efectivamente, el pasado día 11 de mayo, se echó el cerrojazo en la plaza de toros de Valencia. La temporada en una de las  plazas de primera y más importantes de nuestra geografía, se consumió en unos días: en marzo, con la feria de fallas, y en mayo, con los festejos del Día de la Virgen y el estrambote del festival para los afectados por la dana.

Empezó muy bien San Isidro con NHB y Puerta Grande y sigue a todo tren con Fortes, colosal. Otro milagro, continuación de los de Málaga, a los que se les hizo poco caso. Torero que ha superado lo peor. Enhorabuena. Escribiré más de él. Largo y tendido. A fondo.

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