Hasta aquí hemos llegado

Efectivamente, el pasado día 11 de mayo, se echó el cerrojazo en la plaza de toros de Valencia. La temporada en una de las  plazas de primera y más importantes de nuestra geografía, se consumió en unos días: en marzo, con la feria de fallas, y en mayo, con los festejos del Día de la Virgen y el estrambote del festival para los afectados por la dana.


Paco Delgado

Cuatro corridas de toros -hay que recordar que por la lluvia se suspendieron otras dos, ya se sabe que las desgracias nunca vienen solas-, otra de rejones,  dos novilladas picadas, otra sin caballos y tres clases prácticas con alumnos de distintas escuelas taurinas, dadas para ocupar el hueco que Nautalia dejó entre los días 9 y 13 de marzo, fue el programa para el serial fallero.
Con ya hace muchos años desaparecido el festejo que se daba el lunes de San Vicente, el coso de Monleón volvió a abrirse en mayo con motivo del Día de la Virgen. Una clase práctica, una novillada y el ya dicho, y no bendecido, festival que con tanta desgana y retraso se montó para socorrer en la medida de lo posible a las víctimas del desastre del 29 de octubre.
Echen cuentas: cuatro corridas de toros, una de rejones, tres novilladas con los del castoreño, una sin picar, cuatro clases prácticas -de nuevo hay que felicitar al Centro de Asuntos Taurinos de la Dipu por cómo cuida a la cantera- y un festival puesto en puede que el peor día del año para ir  los toros en Valencia.Y ya está. A esperar que para la próxima feria de fallas se pueda disfrutar del espectáculo taurino en una plaza en la que harán falta más de nueve meses para dar la luz, ya que ese y no otro, que se sepa, es el motivo para este parón que tanto fastidia a los aficionados.
Desde que, por sorpresa y puede que a traición, sin que nadie lo esperase, la pandemia nos confinó en casa y anuló toda actividad social durante muchos meses, no había sucedido nada parecido. Entonces se suspendió toda manifestación taurina y no hubo toros ni cuando se levantó un poco la mano y se permitió organizar funciones con restricción de aforo y limitación de espectadores. La empresa que entonces gestionaba la plaza se negó a montar nada en aquellas condiciones y, encima, se enfrentó a la Diputación por no poder celebrar la feria de fallas.
Hasta aquel fatídico 2020 sólo en 1938 no hubo toros en Valencia cuando el llamado Comité de Incautación se hizo con las riendas de una plaza que hasta entonces llevaba Cristóbal Peris y que en 1936, tras el inicio de la guerra civil, dio seis corridas de toros y tres novilladas a beneficio de distintas organizaciones antifascistas y comunistas, y una corrida y tres novilladas en 1937, ya en plena contienda. Tras la victoria de las tropas a sí mismas consideradas nacionales, y a partir de abril, de nuevo con Cristóbal Peris al frente de la plaza, hubo 10 corridas y 27 novilladas. Nada menos.
Casi tres cuartos de siglo más tarde, en 2010, la Diputación acometió un ambicioso plan de reforma integral de la plaza, que sólo se cumplió en su primera fase, con la renovación de los graderíos, nayas y andanadas, así como la construcción de cinco aseos más, la apertura de otras cinco salidas de emergencia y la reparación de los humedades que afectaban al recinto desde hace tiempo. No hubo presupuesto para dejar exenta la fachada de la plaza ni la construcción de un nuevo edificio para albergar el museo, sala de prensa, etcétera ni, por supuesto, instalar una cubierta móvil que tanta falta hace. Obra, con todo, de envergadura que se llevó por delante la feria de octubre y que estuvo finalizada para el inicio de la feria de fallas de 2011.
Ahora es la de julio también la que se suprime, cuando el porvenir y futuro de esta feria es bastante sombrío. Pero así están las cosas y ahora toca esperar a que se haga la luz. De momento, hasta aquí hemos llegado.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…