El toreo es la actividad más complicada de cuantas existen. Para que se produzca el triunfo han de confluir factores que se escapan a la preparación, disposición, habilidad y conocimiento humano. Se dice que “el hombre propone, Dios dispone y el toro descompone”, y es cierto. Un empresario puede organizar el festejo más justo pero eso no le garantiza la respuesta del público. El torero puede estar más que concienciado y el ganadero haberse esmerado en la cría de los toros, pero nunca hay seguridad de éxito.

Se montó un festejo de máximo interés el pasado 24 de mayo en una plaza valenciana, un recinto histórico por el que ha desfilado la historia del toreo. El marco ya albergaba en sí mismo un atractivo especial, y la terna debía constituir un gran aliciente para los verdaderos aficionados a la tauromaquia. Se anunciaban dos matadores, Samuel Navalón y Nek Romero, dos valencianos ausentes de forma injusta de la feria de Fallas y, por tanto, de la temporada en la capital del Turia.
Era la corrida de la justicia, la que merecían Samuel y Nek después de no haber sido tenidos en cuenta en su tierra, en su plaza, la que apostó por ellos de novilleros y que ahora, de matadores, les ha dejado parados. Era la corrida de la justicia, la que impusieron los organizadores al programar esta función que mimaron hasta el último detalle.
Se engalanó el coso con obras del insigne artista Joaquín Sorolla vinculado a la población; los toreros llegaron en carruajes de caballos; el personal iba ataviado a la antigua usanza valenciana. Se había presentado y anunciado el cartel por doquier, facilitándose puntos de venta de entradas en diferentes lugares de la provincia. Se fletaron autobuses, se organizó una comida, se invitó a personajes conocidos… Se hizo todo bien pero faltó gran parte de esa gente que reclamó justicia para los toreros cuando se hicieron públicas las combinaciones falleras.
Se cubrió medio aforo que acabó emocionándose con la disposición y el toreo de dos matadores que tienen sobradas cualidades para llegar a ser gente importante. Tarde de justicia que debe valer para que, en adelante, prevalezca en los despachos. Pero, qué difícil es conseguir que la gente responda a la llamada de carteles justos, que llene los tendidos y que eso valga como el mejor argumento ante las injusticias que a veces comete el empresariado taurino.
Junto a Samuel y Nek alternó también Bruno Gimeno, un becerrista que se entrega al máximo cada vez que hace un paseíllo. Ojalá las cosas cambien cuando llegue al doctorado. También se vaciaron en entrega los matadores. Navalón corrió mejor suerte y cortó tres orejas. Romero pinchó y perdió la puerta grande. Los dos se jugaron la piel para demostrar que deberían recibir mejor trato y más oportunidades, para emocionar a un público que se merecía toda su disposición. Pero qué difícil es triunfar a golpe cantado, cuando más se necesita, por mucho que uno se empeñe. El primero lo consiguió, el segundo se estrelló contra un estoque que no quiso entrar.
Se eligió una divisa de renombre, que últimamente había lidiado notables ejemplares. Pero, en esta ocasión, salieron dos mansos y dos peligrosos por inciertos, reservones, mirones. Qué difícil es que un encierro salga tan bueno cómo ha procurado el ganadero. En fin, que no hay actividad más complicada que el toreo, donde deben confluir tantos factores…









