En España continúan las polémicas de los arrendamientos de Málaga y Albacete, dos plazas más que necesarias en estos momentos. No se han podido adjudicar. En Albacete se pelean los políticos en el Ayuntamiento por el contenido del pliego y en Málaga tienen  tres noticias: lo declararon desierto, el Concejal de Cultura de la Diputación echa la culpa a intereses taurinos y puede que haya gestión directa en el 2021. Peor no lo iban a hacer que los empresarios que hubo en lo que llevamos de siglo.

Pese a que la situación, mires donde mires, casi en todos los ámbitos, es complicada y difícil, sin que la tauromaquia acierte a salir del atolladero al que, entre otras causas, la ha llevado la pandemia, y con nuestra sociedad caminando sin rumbo, hay que hacer un alto y recordar que es Navidad.

Pensar que todos cuantos ocupan las localidades de una plaza de toros son de la misma tendencia política es de tener menos cerebro que un mosquito. El toreo es el espectáculo más democrático de cuantos existen y es propiedad del pueblo. Hoy y siempre, en los tendidos de un coso taurino hay gente de todo tipo. Caben los de sol y los de sombra, los de barrera, los de tendido y los de grada alta. Los hay fachas convencidos y rojos indómitos, moderados y apolíticos.

Se enviaron al matadero muchos toros en este 2020 que acaba. Ni una defensa, ni una frase, ni una petición, ni una condena. Morían “sus” toros y les importaba un pito porque la vida de los astados es para ellos un cuento válido solamente para acabar con el espectáculo taurino. Tanto piar por ellos y les parece estupendo que los torturen y electrocuten en una sala oscura de cualquier matadero. ¡Hipócritas!

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