Parece que este año habrá toros en las de primera. Parece. Y piden para celebrar corridas un 50% del aforo: menos es una ruina. Un problema en el que quizá se refugiaron en el 2020 para no abrir ni una puerta a la esperanza y a la necesidad del mundo del toro de mantenerse vivo.
2021, Año Berlanga, sería buen momento para que muchos de nuestros políticos se sosegaran, meditasen, se sacudieran tópicos y prejuicios, sacasen conclusiones, fundamentaran argumentos y alejasen el fantasma del toro que divide porque no es cierto, todo lo contrario, es el auténtico nexo que une todas las Españas en libertad.
Pues ya estamos en el 21 y hemos tenido que recibir, leer y oir esa frase tan manida e imposible “Que se cumplan todos tus deseos”. De verdad, de verdad, de verdad, ¿quién cree que ese deseo irreal pueda hacerse realidad? ¿Conocéis a alguien que haya conseguido todos? Sí, en el caso de que tuvieran uno o ninguno. Que se agarren al tópico de “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo”.
Se acabó, gracias a Dios, el año. Uno de los más funestos, nefastos y malhadados que se recuerden en nuestra historia no ya tan reciente. 2020 nos trajo una gran desgracia y apenas hay en su calendario motivos para un recuerdo agradable. Tanta gloria lleve como paz deja.
Poco, poco. Y pocas cornadas. Y poco buscar los tobillos. Y poco echarnos a los lomos. Y poco mirarnos las ingles. Y poco de todo lo malo. Y, si puede ser nada, mejor.
La Vicepresidencia segunda del Gobierno ha iniciado los trámites con el Ministerio de la Cultura para intentar prohibir la celebración de los espectáculos cómico-taurinos a propuesta de la Dirección General de Derechos de los Animales. Su director, Sergio García Torres, arguye que el público se ríe de sus actuantes, cuando lo que ocurre es que se ríe con ellos, que es bien distinto. El trasfondo, una vez más, es atacar a la tauromaquia por todos los flancos posibles.






