Un año más, cuando las manecillas del reloj de la Basílica de San Jaime de Algemesí marquen, el próximo sábado 23 de septiembre, las cinco y media de la tarde comenzará, como marca la tradición, una nueva edición de la tradicional feria de novilladas de esta localidad valenciana. En ella, los festejos se desarrollan en el incomparable marco que, en la plaza mayor de la ciudad, conforma un palenque de madera compuesto por el montaje de 29 peñas cadafaleras, que supone todo un prodigio arquitectónico. Las más de 4.000 localidades que afora el coso se verán colmadas tarde tras tarde de un público entusiasta y que dota de un singular colorido a los espectáculos. Son los propios cadafaleros quienes se encargan de levantar su parte del coso, bajo la atenta mirada del técnico de plaza y bajo la supervisión del aparejador y del arquitecto municipal. El recinto se divide en 29 gradas dispuestas en cuatro secciones: de la 2 a la 4 forman el lado del Ayuntamiento, del 6 al 14 el de la Pastora, del 16 al 20 el de Xarpa, y del 22 al 29 el de la Iglesia. Quedan cuatro gradas que forman los cuatro esquinas del palenque, el 1, el 5, el 15 y el 21. Su perímetro total es de 105,60 metros. El patio de caballos se sitúa en la calle Valencia. La presidencia de los festejos se ubica en el balcón de la casa consistorial y el reloj de la torre de la …
Es cierto que la lectura es la mejor medicina que existe, ya que además de curar muchos males previene y es magnífico antídoto contra la peor enfermedad conocida: la ignorancia. Por eso sabemos que era verdad lo que escribió Azorín. Albacete siempre.
De forma espontánea, pura y sincera, los espectadores que el sábado pasado colmaban la plaza de toros de Arles se pusieron a cantar al unísono La Marsellesa, el himno de Francia, después de que un cretino antitaurino se tirase al ruedo para intentar agredir a El Juli. Fue el mejor ejemplo de unión y de apoyo al respeto y a las libertades que se pueda imaginar. Fue el mejor ejemplo de que la tauromaquia no tiene tintes políticos y que pertenece al pueblo.
Se fue Manolo Chopera hace 15 años de un 2 de agosto tras haber ganado la batalla de Illumbe y tenerlo todo muy encarrilado. Y haber sido una figura desde que empezó en esto. Aprendió rápidamente de su padre, Pablo Martínez Elizondo, que de contratista de caballos pasó a gran empresario, y de su tío Javier. Y comenzó entonces el reinado de Manuel Martínez Flamarique, don Manuel, Manolo Chopera, según quien le hablara.
Dentro de las singularidades de un negocio tan peculiar y atípico como el de los toros -en el que no hay, salvo las honrosas excepciones que confirman la regla, una estructura empresarial que lo sustente, sin estudios de mercados, cuentas de resultados, marketing ni herramienta alguna que pueda hacer pensar que se esté ante un sistema mínimamente operativo y solvente y cuya mayor similitud con empresas que sí lo son estriba en que se trata de una actividad que se realiza para obtener un beneficio- no es la menor el que se tenga en una no pequeña consideración a los protagonistas principales del mismo: los toreros. Y aunque pueda sonar extraño -casos hay de sobra para desmentirlo-, si se compara con otras actividades empresariales no es tan difícil establecer una gran diferencia favorable al mundo del toreo.
Por diferentes motivos, Ponce, Román, Morante, Manzanares, Dámaso González, Ferrera y Cayetano han sido algunos de los nombres propios del agosto que acaba de finalizar, sin olvidar el pertinaz acoso que algunos se empeñan en seguir afligiendo a la tauromaquia. Pero lo malo no es eso, sino el inmovilismo continuista que, también durante el mes más taurino del año, ha persistido en el sector.






