Dentro de las singularidades de un negocio tan peculiar y atípico como el de los toros -en el que no hay, salvo las honrosas excepciones que confirman la regla, una estructura empresarial que lo sustente, sin estudios de mercados, cuentas de resultados, marketing ni herramienta alguna que pueda hacer pensar que se esté ante un sistema mínimamente operativo y solvente y cuya mayor similitud con empresas que sí lo son estriba en que se trata de una actividad que se realiza para obtener un beneficio- no es la menor el que se tenga en una no pequeña consideración a los protagonistas principales del mismo: los toreros. Y aunque pueda sonar extraño -casos hay de sobra para desmentirlo-, si se compara con otras actividades empresariales no es tan difícil establecer una gran diferencia favorable al mundo del toreo.
Por diferentes motivos, Ponce, Román, Morante, Manzanares, Dámaso González, Ferrera y Cayetano han sido algunos de los nombres propios del agosto que acaba de finalizar, sin olvidar el pertinaz acoso que algunos se empeñan en seguir afligiendo a la tauromaquia. Pero lo malo no es eso, sino el inmovilismo continuista que, también durante el mes más taurino del año, ha persistido en el sector.
Ortega Cano se ha cortado la coleta de torero, una vez más, en señal de despedida de los ruedos. No es la primera vez que lo hace, aunque ahora suponemos que ésta será la retirada definitiva, pues son varias las circunstancias, principalmente la edad y algún problemilla de salud -concretamente coronario- , las que aconsejan que así sea.
Peligro, peligro, sin Vitoria, aunque con una San Sebastián que quiere levantar cabeza y una Bilbao que remonta, pero no lo que debe.
Desde luego, no se puede decir que este 2017 que ya enfila hacia su último tercio haya sido amable, por ceñirnos a este sector y no extendernos en general, con la torería. Dámaso González ha sido el último a quien se nos ha arrebatado.
Era la persona más querida en Albacete. La frase es de mi colega y amigo Pedro Piqueras, paisano del inmenso torero, presente en su tierra el día del adiós. Con esta sentencia, verdad pura, fin del artículo. Titular definitivo. Completo, exhaustivo. ¿Qué decir más? Sobran explicaciones. Está todo claro. ¿Para qué seguir? Hay que ser alguien grande, grande, grande, para convertirse en el más querido en una población de muchos habitantes, capital que añoro de provincias porque la quiero. Pasé de joven veranos y ferias y allí me consolidé como aficionado.






