Pese a que la situación, mires donde mires, casi en todos los ámbitos, es complicada y difícil, sin que la tauromaquia acierte a salir del atolladero al que, entre otras causas, la ha llevado la pandemia, y con nuestra sociedad caminando sin rumbo, hay que hacer un alto y recordar que es Navidad.

Pensar que todos cuantos ocupan las localidades de una plaza de toros son de la misma tendencia política es de tener menos cerebro que un mosquito. El toreo es el espectáculo más democrático de cuantos existen y es propiedad del pueblo. Hoy y siempre, en los tendidos de un coso taurino hay gente de todo tipo. Caben los de sol y los de sombra, los de barrera, los de tendido y los de grada alta. Los hay fachas convencidos y rojos indómitos, moderados y apolíticos.

Se enviaron al matadero muchos toros en este 2020 que acaba. Ni una defensa, ni una frase, ni una petición, ni una condena. Morían “sus” toros y les importaba un pito porque la vida de los astados es para ellos un cuento válido solamente para acabar con el espectáculo taurino. Tanto piar por ellos y les parece estupendo que los torturen y electrocuten en una sala oscura de cualquier matadero. ¡Hipócritas!

Aunque no es nuevo, desde hace unas semanas parece reabierto y vivo el debate sobre la ideología de la tauromaquia. Que si es de derechas, que si es de izquierdas, o al revés...

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