Una guerra nunca es justa. Ninguna rencilla territorial ni interés económico pueden autorizar la muerte de seres humanos. En las batallas siempre pierden la vida los más inocentes, mujeres, niños, civiles y militares, personas sometidas a los dictámenes de dirigentes ambiciosos, cuando no desequilibrados. Cada familia damnificada tiene detrás una historia, la del ucraniano Mikola, aficionado a los toros, es una de ellas.
Desgraciadamente. A pesar de que estamos en pleno siglo XXI, el mundo de los toros parece anclado en el pasado. En muchos aspectos, pero sobre todo en sus instalaciones e infraestructuras, no hay duda de que parece que vivamos atrapados en el tiempo.
No se cansan. Corridas interminables, inaguantables, insoportables, eternas. Hasta una novillada sin picadores –lean bien: sin picadores– duró casi 3 horas, 3, en las recientes Fallas. No se cansan de cansarnos.
No tienen mucha suerte los MATILLA como empresarios a pesar de sus esfuerzos. Inoportuna y excesiva lluvia sobre CASTELLÓN con suspensiones y menos espectadores. Pero llega TOMÁS RUFO, en la normalidad del sábado, da un aldabonazo, que esperaban muchos en su primer gran compromiso.
Aunque el chovinismo no es un sentimiento generalizado entre los aficionados taurinos, que suelen ser partidarios del toreo sin tener en cuenta la procedencia de quien lo ejecuta, la existencia de toreros “de la tierra” con tirón siempre ayuda a potenciar la asistencia de público a las plazas.
Valencia tuvo que esperar dos años para poder disfrutar otra vez de su feria fallera. Un ciclo en cuyos carteles estaban las principales figuras del escalafón y los nombres más destacados del momento. Pero se hizo raro no leer su nombre en los mismos.






