Saltaron chispas el otro día en la Plaza Real de El Puerto. Morante y Roca Rey se las tuvieron tiesas por un quítame allá ese quite, y la pasión se desató entre los partidarios de uno y otro diestro. Algo que siempre ha sido muy positivo y beneficioso para la fiesta, que necesita de estas rivalidades para crecer.
Pues pueden pasar 4 cosas, al menos, que diría Perogrullo:
Se veía venir. La suerte o el milagro con tantas cogidas, ilesas, de MORANTE se acabó en Pontevedra.
En una época en que la camaradería excesiva parece haber enfriado el pulso emocional de muchas tardes, ver brotar un pique como el que protagonizan Morante y Roca Rey es una bendición. Porque la tauromaquia no es sólo el hombre frente al toro, es también el hombre frente al hombre en la pugna por la gloria. Rivalidad sin odio, competencia sin tregua.
Una vez más me agarro a la más rabiosa actualidad y tengo que decir, que cómo casi todos nuestros políticos, efectivamente Morante tiene un título falso.
En la Plaza Real de El Puerto, el calor no solo lo marcaban los termómetros. La tensión en el ruedo alcanzó temperaturas de leyenda cuando Morante de la Puebla y Roca Rey, dos toreros de planetas diferentes, se cruzaron en un diálogo tan breve como incendiario. El sevillano recriminó un quite, el peruano respondió con ironía. No hubo más palabras, pero bastó para que la plaza entera supiera que algo grande estaba pasando.






