Hace unos días finalizó uno de los mas grandes espectáculos del mundo, el Tour de Francia, la más dura competición deportiva que se pueda contemplar sin llegar a los llamados deportes extremos, y en la que ha vuelto a estar en lo  más alto del podium un ciclista que ya entra en la leyenda al ganar esta prueba por cuarta vez. Y con muchas probabilidades de que aumente su palmarés.

El taurinismo-in, el de puertas para adentro,  es oscurísimo. Nada se sabe, nadie dice nada. Se concreta en rumorología pura. Nadie habla de lo que gana, ni de su estrategia, ni por qué torea con éste y no con el otro. En cambio, en el fútbol nos enteramos de cuánto se embolsa diariamente un futbolista famoso con contrato impresionante y cómo se lleva, o no se lleva, con el entrenador o los compañeros. Todo. En el toreo, nada. Y además hay muy pocos programas para poder contarlo mientras que en los deportes  son miles.

Tendríamos ahora que estar viviendo sus últimos festejos o contando ya, según se hubiese planteado, cómo fue la feria de Julio de Valencia... pero la noticia, triste y muy negativa, es que este año, la feria más antigua, prestigiosa y modelo de todas cuantas llegaron detrás, no se ha celebrado.

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