Impresiona, y duele, que las dos únicas, sólo dos, figuras del toreo que tenemos, MORANTE y ROCA REY, hayan caído y seriamente en SEVILLA en 4 días, dejando huérfano al toreo, de momento, mientras que plumas impacientes y generosísimas “crean figuras” todos los días cuando son toreros que acompañan y nada más. Y figuras de verdad hacen falta como el comer porque nunca hubo menos.

Los aficionados que llenaron La Maestranza sevillana, y los miles de espectadores que siguieron el festejo a través de la televisión, asistieron el pasado día 16 de abril -fecha ya para los anales- a un nuevo prodigio y vieron, en vivo y en directo, cómo se explica el toreo y cómo es capaz de conseguir un efecto mágico y contagioso que no tiene parangón en ningún otro espectáculo.

La presencia de toreros en televisión, más allá de las retransmisiones en directo, se ha convertido en una herramienta para acercar la tauromaquia al gran público. Su participación en concursos, realities y programas de entretenimiento contribuye a normalizar la figura del matador en la sociedad actual, abriendo nuevas vías para la difusión del toreo.

Sólo un nombre: MORANTE. Por partida doble, la desgracia y la magia, sólo tienen un nombre: MORANTE. Las encontró en sus dos tardes de abril. Lo de la magia en SEVILLA fue, antes, el jueves 16, único y completo. Y después, el 20, la cornada con malísima suerte. La vida puñetera, que decía mi padre. Que se recupere pronto, que ese toro certero nos corneó a todos.

Aunque falta un mes para que se celebre la festividad de San Pedro Regalado, patrón de los toreros, su portento sigue vigente y obró efecto hace unos días en Las Ventas. Los milagros, aunque de manera racional no haya forma de ubicarlos ni encontrarles explicación, existen, si bien su materialización no sea, desafortunadamente, algo que suceda ni todos los días ni en cualquier ocasión. Y  eso se vio, también hace nada, en Málaga, cuando un toro se arrancó de improviso y arremetió contra el pobre Ricardo Ortiz, que apenas pudo hacer nada para esquivar la embestida y fue corneado con tan mala fortuna que perdió la vida en uno de los corrales de la plaza de Málaga después de haberse jugado el tipo en el ruedo durante su etapa como matador. Mucha más suerte tuvo Cristian Pérez, a quien el Domingo de Ramos, en la corrida en la que confirmaba su alternativa, la providencia le echó un capote y salvó la vida tras una espeluznante cogida sufrida mientras pasaba de muleta a un torazo de Dolores Aguirre que le zarandeó, zamarreó y acogotó de manera impresionante, saliendo del trance con sólo una cornada en la pierna derecha y una tremenda paliza. Viendo las imágenes del percance, con los pitones buscando hacer presa, golpeando la espalda, la cabeza y las piernas de un torero convertido en un pelele a merced de una fuerza de la Naturaleza desatada y enfurecida, no hay mas remedio que pensar que aquello fue un milagro y …

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