En una época en que la camaradería excesiva parece haber enfriado el pulso emocional de muchas tardes, ver brotar un pique como el que protagonizan Morante y Roca Rey es una bendición. Porque la tauromaquia no es sólo el hombre frente al toro, es también el hombre frente al hombre en la pugna por la gloria. Rivalidad sin odio, competencia sin tregua.
Una vez más me agarro a la más rabiosa actualidad y tengo que decir, que cómo casi todos nuestros políticos, efectivamente Morante tiene un título falso.
En la Plaza Real de El Puerto, el calor no solo lo marcaban los termómetros. La tensión en el ruedo alcanzó temperaturas de leyenda cuando Morante de la Puebla y Roca Rey, dos toreros de planetas diferentes, se cruzaron en un diálogo tan breve como incendiario. El sevillano recriminó un quite, el peruano respondió con ironía. No hubo más palabras, pero bastó para que la plaza entera supiera que algo grande estaba pasando.
Hace unos días finalizó uno de los mas grandes espectáculos del mundo, el Tour de Francia, la más dura competición deportiva que se pueda contemplar sin llegar a los llamados deportes extremos, y en la que ha vuelto a estar en lo más alto del podium un ciclista que ya entra en la leyenda al ganar esta prueba por cuarta vez. Y con muchas probabilidades de que aumente su palmarés.
Tema peliagudo porque hay más jurados taurinos que moscas en el verano. Nadie ha hecho una estadística de cuantos son pero los hay en cantidad. Y lo mejor, si son para bien, es que cada año hay más peñas o entidades que los crean.
Por muy festiva que sea una feria, por muy generosa que sea una plaza, por muy predispuesto que esté el público a divertirse, el toro siempre sale sin dar tregua y cada festejo taurino encierra la verdad de una ceremonia de vida y muerte.






