Los antitaurinos siguen nutriéndose de rancias creencias para intentar vapulear el toreo. Todo vale por podrido que esté en pos de conseguir su objetivo. Y, cuando sus injuriosos argumentos se esgrimen desde la atalaya que confiere el poder político y/o de los medios de comunicación, se corre el riesgo (o se busca adrede) de mermar los derechos y libertades de las personas.

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