Los nuevos gustos que se han instalado entre las preferencias de ocio, la actual corriente social que pretende una igualdad y paridad demagógica, y el populismo barato de demasiados políticos cobardes, impedirán cualquier atisbo de resurgimiento del toreo cómico, que acaba de perder a Paco Arévalo, sin duda el último gran referente de este tipo de espectáculos otrora brillante.
Hace unos días, Felpe VI, Rey de España por la gracia de Dios y de los españoles -que así lo quisieron aprobando una Constitución que reconoce y consagra a la Monarquía como organización política del Gobierno de nuestro país-, entregó en Málaga, a El Juli y a otros varios destacados artistas, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
La temporada americana ha sido escenario de muchos mano a mano de mermelada.
A pesar de las fundadas quejas del sector taurino, últimamente la tauromaquia está recibiendo más elogios de lo que puede parecer. La concesión de la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes es un ejemplo de ello, los premios de la Asociación Taurina Parlamentaria otro, incluso la rebaja del impuesto del IVA podría considerarse uno más. Pero, ¿se le saca el rédito conveniente a todos estos honores?
Todo el toreo, todas las agrupaciones juntas, todas de la mano (creo que es la primera vez que ocurre o la primera vez que tengo noticia de ello durante muchos años) se unen para defender la tauromaquia como objetivo principal, que casi siempre queda en una estupenda manifestación de buenas intenciones y no pasa de ahí) y para poner el grito en el cielo por los pliegos sacados a concurso en las plazas de Zaragoza y Puerto de Santa María.
Raras o no siguen pasando y unas tienen explicación y otras no tanto. Por ejemplo, miramos los carteles de Castellón y nos encontramos con un Perera muy injustamente colocado tras el temporadón que hizo en el 2017. Ya sé que van a por él pero tenga cuidado porque puede terminar, en plena gloria, apartado en un rincón.






