Arévalo, el último okupa en un mundo desahuciado. Artículo de Carlos Bueno

Los nuevos gustos que se han instalado entre las preferencias de ocio, la actual corriente social que pretende una igualdad y paridad demagógica, y el populismo barato de demasiados políticos cobardes, impedirán cualquier atisbo de resurgimiento del toreo cómico, que acaba de perder a Paco Arévalo, sin duda el último gran referente de este tipo de espectáculos otrora brillante.

 

 

Hace sólo unos días fallecía en Valencia Paco Arévalo, uno de los grandes toreros cómicos de la historia. Arévalo nos dijo adiós después de 100 años de vida, gran parte de ella dedicada a una versión de la tauromaquia que hizo feliz a pequeños y mayores. Su trayectoria profesional se forjó en los espectáculos más importantes de la época, como Los Califas de Córdoba, El Empastre, Llapisera o El Bombero Torero. En el recuerdo siempre quedarán sus imitaciones de Charlot y Cantinflas, la mejor según confesó el propio Mario Moreno ‘Cantinflas’.

 

Con Arévalo se marcha el último gran referente del toreo cómico, un tipo de representación muy a la baja que apenas puede disfrutarse ya en las grandes plazas. La irrupción de un abanico de ocio mayor y la aparición de otro tipo de festejos populares, especialmente los concursos de recortadores, fue restándole protagonismo a la vez que algunos políticos prohibían sus actuaciones enarbolando la bandera de una supuesta defensa de la dignidad de los participantes en estos espectáculos, la mayoría de ellos con trastorno de acondroplasia (enanismo). Zaragoza fue la primera ciudad en impulsar una normativa contra las funciones cómico-taurinas, después se unieron Oviedo, Gijón, Toledo o Sant Cugat del Vallés en Barcelona.

 

“¡Qué no se rían de los enanos!”, esgrimían los políticos al tiempo que aprobaban un texto, según ellos, “para evitar situaciones de discriminación y de desigualdad, y favorecer políticas de inserción laboral con las que pudieran acceder al mercado de trabajo igual que el resto de las personas que no sufren ninguna discapacidad”. Pura demagogia. Aquello fue en 2008 y hasta hoy a ninguno de los toreros cómicos que quedaron en paro se les ha ofrecido otro empleo supuestamente mejor.

 

¿Mejor? Mejor es una apreciación relativa. ¿Quiénes son los políticos para dictaminar qué es lo mejor o lo peor? ¿Alguien les preguntó a los “damnificados” qué pensaban ellos? ¿Quién tiene potestad para decidir a qué pueden y a qué no pueden dedicarse? Aquella moción era tan absurda como dictatorial. Coartaba las libertades de los hombres y mermaba su capacidad de elección. Populismo barato. Nadie se reía de los enanos, sino que lo hacían con los enanos, que es muy diferente. ¿Prohibirán también los payasos y los chistosos? ¿Les buscarán otros empleos? Si atendemos a lo que hicieron con los toreros cómicos la respuesta es no.

 

Gracias a los espectáculos cómico-taurinos muchos niños se aficionaron a los toros e innumerables torerillos tuvieron sus primeras oportunidades antes de alcanzar grandiosidad, Manolete entre ellos. Siempre fueron representaciones multitudinarias que colgaban el cartel de “no hay billetes”, y tal fue su éxito que llegaron a firmar más de 100 contratos anuales en España, incluso se presentaron en países tan sorprendentes como Argelia, China o El Líbano.

 

La, en demasiados aspectos y muchas veces, absurda corriente social que vivimos, que pretende una igualdad y paridad demagógica, no favorecerá el resurgimiento de este tipo de festejos. Tampoco los nuevos gustos que se han instalado entre las preferencias de ocio. Por eso será muy complicado encontrar sustituto para Paco Arévalo y más difícil olvidarle.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».