Raras o no siguen pasando y unas tienen explicación y otras no tanto. Por ejemplo, miramos los carteles de Castellón y nos encontramos con un Perera muy injustamente colocado tras el temporadón que hizo en el 2017. Ya sé que van a por él pero tenga cuidado porque puede terminar, en plena gloria, apartado en un rincón.
Hubo casos anteriores, que no tienen nada que ver con el de Miguel Ángel, como el actual del Cid que se las ve y se las desea pero es consecuencia de un bajón continuado. Debió irse cuando empezó la decadencia y reaparecer, si acaso, cuatro o cinco años después para intentar llevarse lo de ese tiempo e incluso mostrar la resurrección del gran torero que fue.
Otro caso fue el de Dámaso González que lo echaron a los leones tras ocupar grandes carteles en todas las ferias de gran prestigio. Precisamente en los años de su madurez y aceptado como el gran maestro de Paco Ojeda, que mejoró los caminos damasistas.
Y la moda -rara- del Juli de acaparar todos los mano con torero de menos experiencia que él, salvo uno con Ponce este invierno en América, y siendo triunfador en casi todos, salvo el del 11 de febrero con el mayor de los Adame.
Y si nos fijamos en Olivenza pues otro mano a mano con el torero triunfador de la tierra, pero todavía muy nuevo. No sé si esto es raro o no. No parece lógico salvo en lo comercial. O quieren que el alumno humille al maestro.
No está en los carteles de Valencia -raro también- por una cabezonada de ambas partes que ha reconocido la empresa.
Y menos mal que en las Fallas apuestan por Román, tras aquella contratación en plena plaza valenciana para apoderarle que le hizo Santiago López del grupo empresarial que regentaba ese coso. Y…después no lo puso ni en otras plazas suyas. Ahora, tras una experiencia fuera, con Roa, muy triunfal, pues vuelve al grupo, con otro apoderado sí, que lo pone dos tardes en su tierra, el que más y el único. Esto debería ser lo normal, por justo. Nada raro por la justicia que se hace pero sí esa vuelta de raro hijo pródigo al grupo que lo maltrató.
Y entre las rarezas, las de Morante, tan suyas. Viene a imitar la estrategia de José Tomás sin tener su fuerza. Eso sí, como el de Galapagar, quiere torear poco, eludir la responsabilidad de las grandes ferias donde sale ese toro que no le gusta, estar en las plazas de segunda y llevar a otro por delante. Y nada de tele. Pues que te aproveche. Y mídete para saber cuál es tu tirón.
Mientras tanto, el enigmático JT no ha dicho públicamente si aparecerá en tres o cuatro galas. No pasa nada si no. No te preocupes. Puedes actuar o no. Pero no te agobies que aceptaremos no verte.
Y no es nada raro que Carmena Manuela quiera cerrar el Batán porque odia el toreo y todo lo que esté lleno de sanos valores. Una Escuela madrileña ejemplar sobre la que Joselito dice : si no hubiera venido a formarme como persona y torero hubiese sido delincuente o drogadicto.
Y finalmente, raro también, la alianza Ramón Valencia-Casas. He preguntado y nadie sabe exactamente para qué. ¿Tener más poder? ¿Rebajar honorarios? ¿Hacer contrataciones sui géneris? ¿Subir la categoría y la calidad de los carteles, algo que hay que hacer siempre aunque sea como empresa individual o es que hasta ahora no era así? ¿Apoyar la cantera, más todavía, cuando dáis novilladas en un número aceptable en vuestras plazas? Decid algo claro, por favor.
Y que todos dejen rarezas y oscuridades y se agarren a eso que está de moda, la transpariencia.









