Muy de actualidad entre luces y sombras. Protagonista del fin de temporada en la Monumental Plaza México. En los carteles de la española Olivenza con otro mano a mano. Se ha especializado en América. Viaje de ida y vuelta desde México para recoger la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Ausente de las Fallas. Y buenas declaraciones a “El Mundo”.
Todo a la vez en pocos días entre luces y sombras. Porque eso fue en el mano a mano con Sergio Flores. Hubo un tercio de entrada para ver –decían- a los triunfadores de la temporada… Las informaciones señalaban a sólo 13.000 espectadores de los 40.000. El Juli viene a Madrid con un tercio de plaza y al minuto todas las empresas le rebajan los honorarios a la mitad. Y nos venden a su compañero Sergio Flores como taquillero. ¿Taquillero? Sí, y yo director del New York Times. Y además la empresa mexicana se equivoca tanto…Y ha hecho tantos carteles flojitos…
La pareja, aburrida con los seis del cartel y después a hombros con dos de regalo. Las interminables corridas mexicanas.
Pues al día siguiente con Castella y Roca Rey y el apoyo de Adame el mayor, algo más de media entrada, lo que constituiría un tremendo fracaso con tan poco público en Madrid y consecuencias adversas para los dos.
Y luces y sombras en Olivenza con otro mano a mano porque sí y siempre con toreros con mucha menor experiencia que Julián.
Y sombras en los carteles de las Fallas, cuya empresa ha reconocido cabezonería por ambas partes.
Luces, muchas, para venir de México entre corrida y corrida, viaje relámpago, para recoger la Medalla de Bellas Artes. Es el torero más joven que ha obtenido este galardón.
Y muchas luces en la entrevista que le ha hecho Zabala en “El Mundo”. Sinceramente dice que las muertes de Víctor Barrio y Fandiño le hicieron preguntarse por qué seguía toreando…Pero él mismo se da la respuesta porque afirma que necesita disfrutar y expresarse. Una sensación que sólo encuentra toreando.
Y redondea: “Soy padre y tengo una vida plena. Pero cuando ME SIENTO GRANDE es cuando emociono a la gente. Y eso es INSUSTITUÍBLE. La necesidad espiritual es mi verdadera motivación.”
Se ve claramente la vocación de una persona y su amor a la profesión. Pocos humanos pueden demostrarlo tanto como los grandes toreros.









