Lo confesó Victoriano del Río hace unos meses: en el campo hay bravura de sobra. Es una gran noticia para el sector taurino, porque la bravura es el mejor argumento contra la monotonía, el aburrimiento y las intenciones abolicionistas. Cuando hay toro no hay crisis, la afición aumenta y los cosos se llenan. Lo han de entender los criadores y sobre todo los matadores. El toro es la solución.
La Empresa Municipal de Transportes de Valencia prepara una nueva normativa que vetará la publicidad contraria a la legalidad y a los principios constitucionales, de armas y anuncios sexistas dirigidos a niños, pura necedad por cuanto son propuestas innecesarias al tratarse de situaciones que no se producen. Pero detrás de tanta simpleza se esconde el propósito de que no se puedan anunciar circos con animales y corridas de toros. Cortar todo canal de promoción y difusión es la estrategia de los políticos que quieren acabar con la tauromaquia. Seguramente estamos ante otro caso de prevaricación.
Les voy a contar una historia ejemplar y humanísima de fidelidad y amor extremos al toreo. Y a su defensa. La historia se terminó el domingo, 4 de noviembre, con la muerte de Juan Cánovas Alcaraz, conserje de la plaza de toros de Cartagena, durante 46 años, siguiendo la tradición de su abuelo y de su padre, que también lo fueron en esta más que centenaria plaza. Sólo esta familia al mando.
Pues sí. Escribía hace poco que hay cinco meses para aprovechar el período del llamado invierno e intentar arreglar algunas cosas del toreo. El conocido como “sistema” debe reflexionar para dar más emoción y quitar trabas al espectáculo, cada vez más lento y aburrido. Y ampliar las oportunidades. Y hacer nuevos carteles con el mismo escalafón. Y organizar más novilladas para que al menos surja ese torero que mueva las taquillas.
Profesionales y aficionados del toreo debemos un reconocimiento a una época que las nuevas generaciones tienen, no sé si decir aparcada, u olvidada, o simplemente ignorada, por las prisas con las que manejamos la historia y los recuerdos propios.
Nunca ha sido la tauromaquia disciplina que tuviese favores de la Administración, fuese esta del signo que fuese, llegando, a lo más, a ser tenida en algún momento puntual como elemento de distracción para la masa.






