La participación del aficionado a través de su opinión en el soporte del espectáculo taurino vuelve a ser una eterna cantinela. Porque quieren estar, y sería necesario que estuvieran..., pero deberían aprender a estar.
Espero que otro descanso hasta marzo lo aprovechen los taurinos. Disponen de cinco meses para trabajar y resolver muchas cuestiones pendientes en el toreo.
Dice El Cordobés, Manuel Díaz, que se va. La artrosis que sufre en sus caderas le está amargando desde hace tiempo y ya parece que no puede más. Este año tuvo que cortar la temporada en junio por ese problema y, ahora, anuncia que se va a volver a operar y según quede hará temporada de despedida o, como mínimo, actuará una última vez en público para que sus hijos le corten la coleta.
Que los empresarios dejen de ser apoderados y defiendan los intereses de la afición, que el abanico de oportunidades se abra para nuevos emprendedores, que los políticos respeten los toros y los traten con la misma consideración que a otras actividades y que las novilladas no tributen como si de un espectáculo profesional se tratase, son parte de los problemas que padece el toreo y que no se arreglarán a corto plazo. Quizá se solucionen cuando alcancen la cima los actuales benjamines del toreo, conocedores de que estas contrariedades abocan la tauromaquia a un futuro negro. En sus manos estará votar a los representantes más respetuosos y exigir a sus apoderados dedicación exclusiva, un tópico que no por serlo deja de estar vigente.
El caso Talavante puede cambiar algo significativo, sin que el torero haya movido una pestaña. Puede nada menos que acercar la sociedad al mundo taurino, cada día más alejados, queramos o no.
No se quiere despedir octubre, mes maldito ya, sin abundar en la pena, por la triste noticia que nos ha llegaba este fin de semana desde Salamanca, con la muerte de Juan Carlos Martín Aparicio.






