Nadie mejor que el Rey puede representar a todos los españoles con independencia de sus tendencias. Nada mejor que una plaza de toros puede representar al conjunto de los españoles con independencia de sus inclinaciones. Felipe VI acudió al coso de Valencia y se encontró con el estado de la sociedad y la verdad del toreo.
Pues lo de MÉXICO no ceja. Ante el Reglamento demencial de los políticos se afirma que puede que no estén tan locos sino lo que quieren es hacer estrafalariamente un “Reglamento” inaceptable para conseguir su meta y objetivo: la desaparición. Las mentes malvadas de ésta época van contra todo. Eso sí, deben ser seres humanos, raramente humanos, que prefieren el animal a los humanos de verdad. Está ahora lleno el mundo de esta especie diabólica. Y cómo se nota.
La reciente prohibición de las corridas de toros con sangre en Ciudad de México es un nuevo golpe contra la Tauromaquia, un atropello que trasciende el ruedo y afecta a la cultura, la economía y la libertad de un pueblo.
Con la feria de fallas la temporada española inicia realmente su puesta en marcha. Arranca efectivamente. De aquí en adelante, hasta bien entrado octubre, se irán desarrollando otros muchos seriales y festejos de importancia que darán forma a esta campaña de 2025. Pero todo comienza en Valencia.
No sé si es pura mala leche, resentimiento, rencor, odio a una gran parte del pueblo, destrucción de la cultura y de las costumbres de siempre, afanes dictatoriales, ganas de fastidiar y provocar, pero hay una cosa clara: o están locos o son supremos imbéciles las gobernantas y gobernantes actuales del pobre México.
Ante casos de evidente imposibilidad de iniciar una corrida por inclemencias meteorológicas, debería existir una norma que dictaminase un plazo para decidir qué hacer y trasmitirlo al respetable, ese que religiosamente pasa por taquilla y que merece la mayor de las consideraciones.






