La jornada había comenzado con otro baño de multitudes y ya le costó lo suyo poder llegar a la Monumental madrileña para tomar parte en el festival, que él mismo había organizado, para recaudar fondos con que sufragar el monumento que el día antes se había descubierto frente a la Puerta Grande del coso venteño. Un festejo matinal que fue también todo un espectáculo, con un puñado de toreros ya retirados y veteranos que hicieron las delicias del público que abarrotó la plaza y que a él le recompensó con una oreja.

Está bien y es justo y casi necesario, por todo el bien que le ha hecho al toreo, la locura por Morante por su 2025 y sobre todo por su final del 12 de octubre en Madrid. Morante ha sido otro, y magnífico, desde la pandemia. Se echó el toreo a las espaldas tras un año de Ponce y ha resultado todo extraordinario en su carrera. Faltaba lo del día del Pilar en Madrid quitándose la coleta en un adiós doloroso y la nueva e inenarrable salida a hombros.

No importa si se es figura o si se está empezando con la ilusión de llegar a serlo. El astado siempre impone verdad y exige, de becerro y de toro. El animal siempre provoca dolor y criba. Quien pasa la prueba tiene mucho ganado para alcanzar la gloria. Y, entretanto, el compañerismo impera entre todos cuantos intentan cumplir su sueño. Emocionante.

Hace unos días finalizó la Feria de las Novilladas de Algemesí, por la que pasaron los principales nombres, o casi, del escalafón. También ya se han celebrado las otras ferias destacadas en las que se tiene como base a la novillería, muchos de cuyos miembros deben ser quienes cojan el relevo de las actuales figuras. Habrá que ver cómo responden.

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