La primera corrida de toros constatada en Barcelona data de 1387, como recoge de forma oficial el Archivo General de la Corona de Aragón. Desde entonces Cataluña siempre fue taurina, y en sus tierras se construyeron las plazas de Olot, Tarragona, Figueras, Masdenvergue, Camprodón, Mora de Ebro, Puebla de Masaluca, Vilasar de Dalt, Tortosa, Vich, Manresa, Mataró, Gerona, San Feliú de Guixols, Lloret de Mar y Amposta, a las que hay que sumar las tres de Barcelona: El Torín, Las Arenas y La Monumental. Además se montaron plazas portátiles en una veintena de localidades más. A pesar de ello los antitaurinos proclamaron que Cataluña nunca fue taurina, y hubo quien se lo creyó. Ahora, la irrupción del novillero barcelonés Mario Vilau parece estar reactivando a una afición a la que habían conseguido aletargar.
Otra ruptura noticiable, DANIEL LUQUE- LUISMA LOZANO, y otro apoderamiento ¿inesperado?, LUISMA LOZANO-ROCA REY. El peruano, que deja a su hermano y habrá menos ingresos para la familia, ofrece tentadora oferta al de la Casa LOZANO, que no puede rechazar. Su torero será la única figura de la próxima temporada, con más fuerza taquillera que nunca, tras la retirada de MORANTE.
En un mundo que parece haberse vuelto loco, si no definitivamente sí que muy encaminado para alcanzar un punto de caos y desparrame que tendría una muy difícil y complicada reversión, nuestro pobre y atontado país sigue dando muestras de ser de los más aplicados y avanzados en esta deriva disparatada.
Sí, las tres circunstancias. Brillante porque hubo muchas cosas buenas. Positivo, porque aumentó la afición. Y, gracias a Dios, raro porque coincidieron situaciones que no se daban en años y que va a ser muy difícil que se repitan.
Mientras la “Iglesia Taurina” santifica a MORANTE sin ni siquiera pasar por beato, lo que se dice “santo súbito”, coincide un día de multiretiros del toreo. A la vez, MORANTE, FERNANDO ROBLEÑO y FLORITO y en la misma plaza. Y hasta se suma por su parte JAVIER CASTAÑO.
De la cogida dramática a la salida por la puerta grande. De haberse podido quedar postrado en una silla de ruedas a ser izado a hombros. En pocos minutos, la situación de Morante cambió por completo. Pero también en un instante, lo que duró desprenderse de su coleta, el dios torero pasó a ser terrenal. El mito no necesitaba más para engrandecer su leyenda, y el hombre necesitaba parar.






