Tras haberse completado la “desescalada” ya está permitido organizar corridas de toros. Comienzan a anunciarse algunos festejos, pero en cuentagotas y en cosos de escasa repercusión. Que se sepa, no hay empresarios que apuesten con firmeza por las plazas importantes, los toreros que año tras año se quejan de la falta de oportunidades no solicitan actuar, los ganaderos no ofrecen sus toros a precio de saldo y los subalternos parece que no acaban de entender la situación de la tauromaquia.

Verdadera e interesante historia. He escrito poco de Pablo Aguado y ese poco antes de su explosión, pero le  he seguido mucho. ¿Digo mucho? No: muchísimo. ¿Muchísimo?. Más todavía: todo. Por detrás de su familia, supongo, pero ni un peldaño abajo.

Se puede dormir con la esposa y convivir con los hijos, pero en los toros hay que separarse un metro y medio. Se puede cenar en el restaurante con los amigos, en la misma mesa, silla junto a silla, pero en los toros hay que separarse un metro y medio. Es un sinsentido que sólo favorece la paralización de la actividad taurina, pero está por verse que el sector profesional alce la voz.

En un día tan importante para la Fiesta del Toro como es el 7 de julio, San Fermín, el Presidente de Unión de Criadores de Toros de Lidia, Antonio Bañuelos, ha querido escribir un artículo para recordar estas fiestas y esta feria.

Lo vivido en los últimos tiempos, convulsos, revueltos y muy difíciles, han dejado, sobre todo, una cosa clara: la improvisación a que se fía la solución del más mínimo problema y el desconcierto que eso ocasiona y en el que se nos coloca. Si entendemos por entropía la medida del desorden de un sistema, el nuestro se sale.

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