Hace unos días, el 25 de marzo, el matador de toros sevillano Manolo Cortés, de 67 años de edad, falleció en el hospital de San Juan de Bormujos, en Sevilla, donde se encontraba ingresado, víctima de una larga enfermedad que se había agravado en las últimas semanas.
Aficionados y profesionales taurinos celebran el descenso del IVA en once puntos aprobado por el Gobierno. La decisión debe implicar una rebaja en el precio de las entradas, lo que, sin duda, ayudará a llevar más público a las plazas. Pero eso no será suficiente si el sector no consigue que las novilladas equiparen su fiscalidad a las ventajas que goza el deporte base y las escuelas de interpretación. Al fin y al cabo estamos hablando de festejos ruinosos con el único objetivo de formar aprendices.
Casi al mismo tiempo que el hombre descubre la escritura surgen relatos que narran y describen la lucha del hombre con el toro como la Epopeya de Gilgamesh, una narración sumeria en verso sobre las peripecias del rey Gilgamesh, que constituye la obra épica más antigua conocida, escrita en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme entre los años 2500-2000 a. C.
En la actualidad la información taurina brilla por su ausencia en la pequeña pantalla. En poco más de dos décadas se ha pasado de tratar los toros como uno más de los temas de actualidad a hacerlos desaparecer de las parrillas. Hoy, salvo los aficionados con solera, pocos conocen las bondades y los valores que encierra la tauromaquia, y conseguir que las televisiones vuelvan a propagarlos sería el mejor remedio contra un desconocimiento fatal que tanto daño le hace al toreo.
Una vez terminadas las dos ferias que inician la temporada taurina en España, Fallas y Magdalena, se impone un análisis, ahora con mayor bagaje de argumentos.
Se ha vuelto a demostrar que a muchos el cargo les viene grande. La política española -central y periférica- ha llegado a un punto en el que es difícil encontrar a alguien -aunque los hay, por supuesto, ya lo creo que existen- con dos dedos de frente y sentido común. Que es lo primero que se debe pedir a una persona que va gestionar la cosa pública, por menor que sea su cometido.






