Nek Romero hizo su presentación en Valencia el pasado 14 de marzo dentro de la feria de Fallas. Su actuación conmocionó a cuantos tuvieron la dicha de verle. Pero no estuvo acertado con el estoque y lo que iba para cuatro orejas se quedó en tan solo una. Era su segundo paseíllo en el escalafón de novilleros, seis meses después de su debut. De momento continúa sin apoderado, así que ahora es necesario que los empresarios le den cancha, que lo anuncien, que tenga continuidad. Lo contario sería una injusticia con el torero, con el futuro y con la tauromaquia.

O discutir, otro de los deportes más asentados y que con tanta aplicación se practica no sólo -esta tilde que lleva la palabra anterior ya está dando que hablar para rato...- en España. Nos gusta llevar la contraria y contradecir a quien sea, con razón o sin ella. Y a sabiendas, muchas veces, de estar errados.

Eso parece. Los carteles San Isidro 23 nada más hechos públicos fueron tachados de abominables por los rasgavestiduras porque estaban muchos toreros muy vistos que son los que más interesan al público. No tengo ni una palabra cruzada con Simón Casas ni con Rafael García Garrido y creo que no lo han hecho bien desde que son empresarios de Las Ventas y parece que este año con el nuevo pliego quieren cambiar.

Hoy se torea con más perfección que nunca y las escuelas de tauromaquia tienen mucho que ver con eso. En el toreo actual es fundamental que se toree bien, pero la pulcritud no basta. Resulta fundamental que los toreros tengan personalidad propia y que su disposición y actitud logren que aparezca la emoción. Es lógico que los novilleros tengan defectos e imperfecciones, algo subsanable y que queda en segundo plano si demuestran verdadero compromiso.

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