Después de tres años difíciles y muy, muy complicados, por fin se pudieron celebrar las ferias de Valencia y Castellón sin problemas, restricciones ni alarmas. Con su final llega la primavera y en el humo de sus hogueras quedan señales que deben servir para marcar el rumbo de la temporada.
Nos sigue cayendo la mundial. En la remodelación última del Gobierno, siguen las ministras (ponga aquí todos los calificativos que quieran a las dos (porque yo no me atrevo) animalistas antianimalistas. Y todo el grupo anti. Será porque el presidente del gobierno del desgobierno teme la ruptura de la coalición y posible del poder o porque aquí hay gato encerrado con algo muy gordo.
Ejemplo de CASTELLÓN, que ha dejado desiertos los principales premios siendo coherentes si no hubo méritos aunque sí muchas orejas…Y la empresa se queja de que faltó público. La valentía de no conceder trofeos a lo destacado de la feria es un acto de coherencia y puede que de justicia. No puedo decirlo porque no estuve y tampoco estuvo la televisión.
La recaudación de la subasta del piso de la plaza de toros de Algemesí superó en 25.900 euros a la del año pasado, pero supone prácticamente la mitad del remate alcanzado hace 15 años en plena época de bonanza económica. Mucho dinero, poco o demasiado; todo es relativo y dependerá de la respuesta del público a la hora de adquirir abonos y entadas.
Después de tres décadas enganchados a Movistar Toros, a Toros Plus o cómo en cada momento se llamase a la cadena, emisora o plataforma -los tiempos modernos traen también nuevas denominaciones y modismos-, este año se cambia de operador y con la temporada ya en marcha se desconoce su modelo.
Llevo rechazando varios años las corridas de dos horas y media o más, que muchas veces son sencillamente corridas coñazo. La duración normal durante mucho tiempo era de dos horas, lo justo para seguir el espectáculo en plazas, además, incómodas. Pero no. La nueva moda -ojo, peligrosa- se ha asentado y es el pan nuestro de cada día y… de muchas tardes.






