De forma espontánea, pura y sincera, los espectadores que el sábado pasado colmaban la plaza de toros de Arles se pusieron a cantar al unísono La Marsellesa, el himno de Francia, después de que un cretino antitaurino se tirase al ruedo para intentar agredir a El Juli. Fue el mejor ejemplo de unión y de apoyo al respeto y a las libertades que se pueda imaginar. Fue el mejor ejemplo de que la tauromaquia no tiene tintes políticos y que pertenece al pueblo.
Se fue Manolo Chopera hace 15 años de un 2 de agosto tras haber ganado la batalla de Illumbe y tenerlo todo muy encarrilado. Y haber sido una figura desde que empezó en esto. Aprendió rápidamente de su padre, Pablo Martínez Elizondo, que de contratista de caballos pasó a gran empresario, y de su tío Javier. Y comenzó entonces el reinado de Manuel Martínez Flamarique, don Manuel, Manolo Chopera, según quien le hablara.
Dentro de las singularidades de un negocio tan peculiar y atípico como el de los toros -en el que no hay, salvo las honrosas excepciones que confirman la regla, una estructura empresarial que lo sustente, sin estudios de mercados, cuentas de resultados, marketing ni herramienta alguna que pueda hacer pensar que se esté ante un sistema mínimamente operativo y solvente y cuya mayor similitud con empresas que sí lo son estriba en que se trata de una actividad que se realiza para obtener un beneficio- no es la menor el que se tenga en una no pequeña consideración a los protagonistas principales del mismo: los toreros. Y aunque pueda sonar extraño -casos hay de sobra para desmentirlo-, si se compara con otras actividades empresariales no es tan difícil establecer una gran diferencia favorable al mundo del toreo.
Por diferentes motivos, Ponce, Román, Morante, Manzanares, Dámaso González, Ferrera y Cayetano han sido algunos de los nombres propios del agosto que acaba de finalizar, sin olvidar el pertinaz acoso que algunos se empeñan en seguir afligiendo a la tauromaquia. Pero lo malo no es eso, sino el inmovilismo continuista que, también durante el mes más taurino del año, ha persistido en el sector.
Ortega Cano se ha cortado la coleta de torero, una vez más, en señal de despedida de los ruedos. No es la primera vez que lo hace, aunque ahora suponemos que ésta será la retirada definitiva, pues son varias las circunstancias, principalmente la edad y algún problemilla de salud -concretamente coronario- , las que aconsejan que así sea.
Peligro, peligro, sin Vitoria, aunque con una San Sebastián que quiere levantar cabeza y una Bilbao que remonta, pero no lo que debe.






