Aunque lo visto en el ruedo en los últimos tiempos -para no hacerlo  muy largo: en lo que va de temporada, o, centrando todavía más el  tema, en este San Isidro que no parece tener fin- hace aflorar la  ilusión y la esperanza, con grandes actuaciones de muchos toreros y  muchos toros, también, dando juego y posibilidades, el panorama en  torno al espectáculo taurino, la tan denostada fiesta nacional, no  parece halagüeño ni pinta bien. Demasiados enemigos en contra, muchos  intereses en juego, un gran desconocimiento en quienes atacan y la  proverbial falta de unión del sector hacen que la situación sea complicada.

Las grandes ferias apenas programan novilladas. El mal de tener que pagar por torear sigue latente. Los costes de organización de este tipo de festejos son demasiado altos. Y a pesar de todo siguen apareciendo novilleros ilusionados. Un milagro… hasta el día que deje de serlo.

Mayo del 68 sigue dando motivos para recordar, más allá de la  famosa, y para muchos, inútil revuelta estudiantil de París, o el  triunfo de Massiel en Eurovisión -igualito que ahora...- o la  impresión causada en el mundo entero por la muerte de Martin Luther  King, el líder del movimiento en pro de las libertades y derechos  para los negros norteamericano, apóstol de la no violencia, abatido  a tiros por un fanático blanco en Menphis.

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