La recién finalizada feria de Hogueras ha sido una feria, desde luego, triunfal, brillante y con abundantes notas de interés. Del primer al último día.
El mismo día que Morante rescataba el galleo del Bú, una suerte tan movida como vistosa que deslumbraba al público, Castella se negaba a matar un toro porque pensaba que merecía el indulto. Serían convenientes más gestas y menos gestos, dentro y fuera del ruedo.
Ya se sabe cómo va a influir la feria de San Isidro 2018 en la temporada española. Ya ha pasado tiempo suficiente para ver los síntomas del Madrid que da y quita. La primera del mundo. Y si hay algo que dar y algo que quitar.
No suele ser habitual. Ni suele ser, pero en el 2018 la feria de San Isidro lo ha sido. Porque los tiempos cambian y se busca cualquier cosa para llegar al público.
Aunque parece que ya ha bajado algo el ritmo, hemos vivido unas semanas de vértigo, sucediéndose los acontecimientos con una velocidad asombrosa, dándose el caso de tener en menos de quince días hasta dos gobiernos y tres ministros de Cultura y Deporte, dada nuestra proverbial afición a hacer las cosas deprisa y corriendo, de cualquier manera y sin leer la letra pequeña. Válgame Dios.
Son muchos los festejos que he visto durante mi ya larga vida. Vida taurina que va de Aparicio y Litri hasta nuestros días… Y que dure la cosa. Digo que lo podamos ver mi amigo Paco Picó y servidor.






