Aunque, stricto sensu, no sea nuestro patrón, que -puede que de manera equivocada pero fírmemente arraigada en nuestro ideario- es el curro diario y sin horas, si bien también ponemos velas a la diosa Fortuna, del santo pamplonica se espera que despliegue su capotico y que con más arte que Morante y tanta eficacia como Esplá permita que su feria sea brillante y sin desgracias.






