La argucia para no mencionar la expresión “prohibir la Tauromaquia” está cargada de veneno. Utilizan el argumento de que hay que devolver la competencia a las comunidades autónomas para adornar el propósito de acabar con La Fiesta. A veces se designa ministro de cultura al primer “espantapájaros” que aparece, cuyas mayores virtudes son la ignorancia, la envidia y la mala fe. La situación puede ser comprometida si no se aborda a tiempo, pues en el fondo se persigue llegar al Parlamento, para con las mayorías aseguradas, producir la derogación de la Ley.






