Nos van dejando las figuras. Primero, Enrique Ponce. Después, Pablo Hermoso de Mendoza. Y este Pablo también ha dejado una estela personalísima, amplia, creativa, inventora, brillante y, en definitiva, indiscutible. Muchos años de líder en los ruedos y de campeón fuera. Cambió el rejoneo en la plaza y lo cambió en los despachos ante las empresas. Todo esto es de justicia y hay que decirlo. Y añadir que se le tiene como el más importante rejoneador de todos los tiempos. Ha estado años y años en la cumbre disfrutando de su revolución y sin que nadie le hiciera sombra.






