La emoción del toreo depende en gran medida de su intensidad. Sin embargo, muchas corridas actuales parecen haber perdido ese pulso vibrante que convierte cada instante en decisivo. Faenas excesivamente largas y numerosos tiempos muertos entre toro y toro diluyen el impacto del espectáculo y alargan innecesariamente festejos que, con un ritmo más ágil, ganarían en emoción, continuidad y rotundidad.






