El año 2025 se cierra como uno de esos ejercicios que no admiten tibieza. Para la tauromaquia y para quienes entendemos la cultura como un espacio de libertad y no de imposición ha sido un año de confrontación, de memoria y, sobre todo, de reafirmación. Un año en el que el toreo se ha visto obligado a mirarse al espejo y responder, una vez más, por qué sigue latiendo.






