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Tras los festejos de la sierra madrileña, los de Ajalvir y  Valdemorillo -los más madrugadores y que a modo de calentamiento  hacen que se desperece el mundo del toro a esta orilla del  Atlántico-, la nueva temporada española ya está en marcha.

Toreros pesados, muy pesados o pesadísimos es la historia interminable de las corridas larguísimas, plúmbeas, con avisos siempre y series y series tan largas como aburridas y absurdas que no añaden nada como no sea la irritación del tendido que muchas veces grita para que acaben de una vez pero el torero quiere seguir, seguir y seguir. Y sigue. Dicen que los crueles tienen su público. Nunca los pesados. De los pelmazos huye todo el mundo.

Si ha servido para animar el cotarro, lo han logrado. La publicidad  ha surtido efecto y el cartel con que se ha movido la actuación del  grupo norteamericano Metallica en España ha cumplido con creces su  función. El famoso grito en la pared se ha dejado oir de nuevo y se  ha vuelto a poner de manifiesto que nada como llamar la atención para  vender.

No todos estamos locos dentro de la locura nacional que sufrimos en todos los órdenes. En la loca España 2018, hay algún signo de valentía y coherencia. Ahí están las declaraciones de una socialista, Mar Espinar que es de ese partido, el Psoe, que casi siempre está ahora en contra de los toros. Le ha dado por ahí. Según suene el viento.

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