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Durante mucho tiempo se tuvo al festejo en el que tomó la alternativa Agustín Parra “Parrita” como el más triunfal que nunca se hubiese celebrado. Y también se consideró aquella función como la corrida de toros a la que más público acudió nunca; si hubiese que hacer caso a todos los que dijeron que estuvieron presentes en la plaza aquella tarde, el coso de Monleón hubiese tenido capacidad para cerca de cien mil aficionados...

Hasta que completemos la “desescalada” y acabemos totalmente “desconfinados”, y mientras esperamos que la “cogobernanza” consiga un desarrollo económico, social e institucional duradero para alcanzar la “nueva normalidad”, no estaría mal que alguna televisión apostara ya por retransmisiones taurinas desde el tesoro medioambiental que son nuestras dehesas.

Pasan los días, las semanas y los meses, ya estamos casi a mitad de año, y el mundo sigue paralizado por el coronavirus. Y si en otros puntos del globo parece que comienzan a encontrar remedios y a respirar, por estos lares, lejos de ver el final del túnel, seguimos dando palos de ciego y sin saber muy bien para donde tirar.

La crisis del coronavirus está obligando a sacrificar muchos toros sin ser lidiados, por el camino demasiadas ganaderías acabarán sucumbiendo, y lo peor es que entre ellas perecerán muchas de las dedicadas a criar encastes minoritarios, un tesoro genético siempre en peligro de extinción y ahora con un futuro todavía más incierto.

Coronatoro. Más que el coronavirus (pongamos coronavi para hacerlo más corto y más fácil de pronunciar), el covid 19, la pandemia y la enorme tragedia de tantos muertos, parece que el pueblo español, el Gobierno no digamos, permanece impasible, pero lo que va a hacer gravísimo daño al mundo de los toros va a ser el coronatoro.

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