La jornada había comenzado con otro baño de multitudes y ya le costó lo suyo poder llegar a la Monumental madrileña para tomar parte en el festival, que él mismo había organizado, para recaudar fondos con que sufragar el monumento que el día antes se había descubierto frente a la Puerta Grande del coso venteño. Un festejo matinal que fue también todo un espectáculo, con un puñado de toreros ya retirados y veteranos que hicieron las delicias del público que abarrotó la plaza y que a él le recompensó con una oreja.






