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Seguimos sin Vitoria. Sí porque el toreo va en bici sin ruedas y el fútbol femenino –nuestro último gran ejemplo- en Fórmula-1. Nosotros, en la Edad Media y ellas, a velocidad espacial. La recordada Feria de la Blanca no la resucitan ni hacen nada los estamentos taurinos ni los profesionales. ¡Ay los muchos vitorianos que iban a la feria de la VIRGEN BLANCA…! Pena total. Paliada porque PALMA DE MALLORCA ha vuelto a dar toros, con EL JULI como atracción previa y después con Puerta Grande. Y media entrada. ROCA REY metió tres cuartos en la siguiente con MANZANARES. Por cierto, bonito brindis de ROCA REY a su apoderado, ROBERTO DOMÍNGUEZ, en el 50 aniversario de su alternativa olvidando que sólo salen al ruedo, cuando está el toro, los vestidos de luces. ¿Tan diferente es que el brindado esté pegado por dentro a las tablas?.

La comidilla de esta temporada es que, salvo a las tres ferias más famosas del calendario taurino -la de abril en Sevilla, San Isidro en Madrid y San Fermín en Pamplona, y por cuestiones también extrataurinas- la gente no está yendo a los toros en la medida que sería deseable.

Al blando y amable SANTANDER habrá que ir cambiándole el nombre por su feria taurina ¿SAN SANTANDER o SANTO SANTANDER, por sus triunfos por doquier?. Y olé por HUELVA. Se lo merece JOSÉ LUIS PEREDA. Y a PERERA, indultando en HUELVA, su plaza, que sigue triunfando a lo grande cuando parece que lo quieren apartar. Y a DANIEL LUQUE, cada día a más, e indultando en SANTANDER y saliéndose en EL PUERTO. Y también olé para AZPEITIA, necesaria, valiente y constante. Y a ROCA REY, EL JULI y DIEGO VENTURA, imparables en este 2020. Y en su tristeza permanente mención para GINÉS MARÍN y ÁLVARO LORENZO.

Los indicativos económicos señalan una preocupante recesión después del verano. Las asociaciones empresariales de todos los sectores muestran su inquietud, intentan adelantarse a la situación y solicitan reuniones con las diferentes Administraciones para buscar medidas eficaces. Sin embargo, que se sepa, las organizaciones profesionales taurinas siguen a lo suyo, organizando grandes carteles que, por lo general, no consiguen atraer al público previsible. La tauromaquia debe desprenderse de complejos, presionar a nuestros gobernantes y exigirles ayudas y descargas impositivas que repercutan en un abaratamiento de las entradas.

Ha sorprendido la poca asistencia habida en los festejos de la pasada feria de julio de Valencia. Algo que debería preocupar a quien corresponda pero que, visto lo visto, tiene una vertiente positiva y un punto de optimismo.

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