Se va a ir con hechos de triunfador (ahí quedan sus tardes en su temporada del adiós), con la afición intacta y en la edad de una figura con cuerda todavía para más o mucho más. Y con el cariño del público, que lo ha acogido, aplaudido y vitoreado y hasta aclamado pidiéndole alguna vez incluso desde los tendidos que no se fuera. Y además críticos, cronistas, comunicadores y asimilados llorando algunos a moco tendido como si el toreo se fuera a acabar y otros poniéndolo en su sitio de figura del toreo, que lo fue indiscutiblemente.






