A ningún político se le ocurre cuestionar multitud de labores de riesgo extremo. Faltaría más. Practicarlas entra dentro de las libertades de los individuos y nadie debe inmiscuirse en el derecho que todos tenemos a elegir y disfrutar de nuestras pasiones. Sin embargo todo el mundo pretende tener potestad para legislar en contra de la materia taurina.






