Se asesora sobre medioambiente sin saber distinguir un toro de una vaca, una dehesa de bravo de un campo de algarrobos. No se retransmiten corridas de toros en la televisión pública nacional. Los partidos antitaurinos pretenden acabar con los pocos programas testimoniales que aún quedan en las parrillas ninguneando la voluntad popular. No se respeta la Constitución ni los Estatutos. Y hay quien se atreve a agredir a unos chavales por el mero hecho de soñar con ser toreros. Algo malo pasa en nuestra sociedad que dice poco a favor del respeto, la educación, la tolerancia y la democracia.






