Ante la muerte de Iván Fandiño nada podrá consolar a su familia y amigos. ¿Por qué? No hay respuesta. Podía haber sido cualquiera y podrá seguir siendo cualquiera. Sólo cabe pensar que él, como aquellos que antes perecieron en las astas de un toro y aquellos que le sucedan, ha puesto en valor el toreo, magnificando el verdadero significado de jugarse la vida y demostrando que, en el toreo, la línea entre la vida y la muerte es tan fina que permanecer a este lado de ella parece cosa de milagro.





