El toreo es grandeza

No son estos buenos tiempos para casi nada. A la crisis económica, que no se acaba de zanjar ni finiquitar, se sumó, de repente y de forma inesperada, una crisis sanitaria que ha puesto al mundo patas arriba y sin saber muy bien cómo salir del atolladero.

 

 


Paco Delgado

 

No corren aires de optimismo ni parece momento propicio para emprender aventuras que conlleven un mínimo de riesgo. La gente vive en un ay, con el susto metido en el cuerpo y sin que nuestros dirigentes parezca que hagan nada -salvo cubrirse conveniente y generosamente el riñón para un futuro incierto y que no pinta nada bien- no ya para revertir la situación, sino para echar una mano y ayudar al personal a pasar el mal trago. Salvar personas, dicen. Nosotros primero y el que venga detrás que se las componga como buenamente pueda…

Y con este panorama el sector taurino atraviesa una de las más graves crisis que ha padecido a lo largo de su muy extensa historia. Nunca, y eso que se ha tenido que lidiar con Papas, Reyes, gobiernos, antitaurinos y hasta analfabetos de muy mala idea, la tauromaquia se ha visto tan contra la pared.

Y lo peor es que tampoco aquí se ve salida ni escapatoria. Principalmente, y esto es lo más serio y preocupante del asunto, por la dejadez de quien maneja el negocio taurino. Dejadez y un enfoque totalmente equivocado. Como si fueran políticos, la mayoría de los taurinos -y aquí se emplea el término para denominar a los que mangonean el cotarro- sólo se preocupan por ellos mismos, aquí y ahora. Les importa poco, o nada, el futuro y, mucho menos, mantener productiva la cantera. Y no digamos ya el aficionado, a quien en no pocos casos se desprecia y ningunea, siendo estos quienes sostienen un negocio sin cuya aportación y apoyo se hunde irremisiblemente.

Pero, de manera tan increíble como suicida, salvo honrosas excepciones, como en la cosa política, se tiran tantas piedras contra su tejado que el riesgo de desplome es inminente.

Me cuentan que un empresario joven, nuevo en el negocio, rebosante de ilusión y ganas por hacer cosas, organizó una corrida en una plaza de tercera. Una plaza histórica, en una ciudad con no pocos atractivos pero… con un coso para el que se permitía un aforo de apenas dos mil espectadores. No se arredró por ello y, deseoso de ofrecer un espectáculo de calidad y alicientes, montó un cartel de alto copete. Con una primera figura, un diestro de renombre si bien un peldaño por debajo en el escalafón y uno de esos mal llamados toreros modestos, de la zona y  que llevan seguidores y gente a los tendidos para verles.

La primera figura se contrató por 28.000 euros, el diestro del segundo escalón  se ajustó por 30.000 y el modesto sólo pidió los gastos. Los toros costaron 12.000 euros y el importe de organización, cuadra de caballos, médicos, veterinarios y demás etcéteras, sumó alrededor de 20.000 euros. El Ayuntamiento colaboró pagando la banda de música…

Hay que recordar que en taquilla sólo se podían vender dos mil localidades, por lo que sorprende que los apoderados de la primera figura y del torero de segundo nivel pidieran cobrar la mitad por adelantado, sin saber cómo iba a ir la venta, y que el mentor de ese segundo diestro del cartel exigiera, además, algún toro y sobreros de otra ganadería, con lo que hay que añadir un gasto extra en transporte y combustible. Y luego, a la hora de las cuentas, no consintieron descontar ni un céntimo. Hay que decir que, sí, que se vendió todo el papel, pero que la recaudación total fue de poco mas de 90.000 euros. Y no hubo ingresos de televisión.

¿Qué beneficio obtuvo el empresario? pues tras varios meses de trabajo, viajes, reuniónes, hablar y movilizar a peñas, adelantar pasta y demás, se llevó a casa… ¡500 euros! y, encima, producto de una rifa. Una vergüenza para el sector. Sigue sorprendiendo el proceder y métodos de algunos taurinos que hacen poco, o nada, por ayudar a la fiesta, justo cuando más lo necesita.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977. Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.
Es responsable del área taurina de RNE en la Comunidad Valenciana y corresponsal del diario La Razón. Creador y director desde 1993 de Avance Taurino.

Es autor de más de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Vicente Barrera Simó, Julián García, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…

Ha dado conferencias por toda España y comisariado y organizado exposiciones para Ayuntamientos, Diputaciones y numerosas entidades de nuestro país.