Un brindis de Felix Colomo, el torero rebelde. Lo de rebelde, se lo pusieron sus propios compañeros y el público tras la guerra civil de España 1936/1939.
Muchos toreros que se habían instalado en la zona republicana fueron “castigados”, por sus ideas, que no coincidían con las del régimen que había ganado la guerra. Fue el caso de Félix Colomo y de otros toreros.
Colomo, que había tomado la alternativa en 1934 en Aranjuez de manos del genial Victoriano de la Serna, abuelo materno de Vicente Zabala de la Serna y de sus hermanos, Víctor y Verónica, apenas pudo torear unas pocas corridas, tras estar encarcelado dos años. Se retiró definitivamente en Carabanchel en 1947.
Una vez retirado de los toros se dedicó a negocios de hostelería y fue propietario de los restaurantes Las Cuevas de Luis Candelas y La Posada de la Villa.
Murió en Madrid a los 88 años de edad.
Se dijeron de él muchas falsedades, entre otras que había sido fusilado por las tropas franquistas, incluso alguna revista dirigida entonces por alguien que ahora escribe de toros, se hizo eco de la mentira, y lo publicó en su semanario.
Pero volvamos a lo nuestro, a la anécdota.
Colomo, que confesó, que jamás había recibido un solo aviso en su vida, siendo un chavalillo se hizo amigo de los timbaleros de la plaza de toros de Madrid, situada donde hoy se encuentra el Palacio de Deportes,
Además de compartir con ellos su afición, cargaba con los bombos y demás artilugios y entraba de esa manera gratis a la plaza.
El día de su confirmación de alternativa en 1935, a cargo de Rafael “El Gallo” con la presencia de Gitanillo de Triana, se dirigió a los timbaleros y les hizo el siguiente brindis:
“Brindo por todos ustedes y les advierto que no se les ocurra darme un aviso, porque luego se las verán ustedes conmigo”









