Como cada año se celebró el festival a beneficio de los niños del Hospital de Manizales. Un festejo tradicionalmente nocturno, que en esta ocasión se vio empañado por la inoportuna lluvia que cayó la mayor parte del festival. Se paseó la Virgen de Patrona de Manizales, a hombros de los toreros, a plaza oscura, iluminada con las luces de las velas que repartían en la entrada.Un tendido lleno y poblado de chubasqueeros, pues no cesó de llover hasta el sexto toro…
Manizales. José R. Palomar ( enviado especial).
Se lidiaron novillos- toros de Ernesto Gutiérrez , destacando primero y quinto, encastados y correosos. Toros de escasos pitones, pero en general tuvieron movilidad. Lo mejor del festejo corrió a cargo de Miguel Ángel Perera, que se lució en un quite por saltilleras con el capote. Comenzó la faena con un pase cambiado por la espalda espalda (algo que entusiasma en estas latitudes); tuvo importancia su labor que fue desigual, porque el toro tenía casta y perseguía sin cesar los engaños. Cuando probó en los terrenos de cercanías, la res protestaba y no salieron limpios los pases. Falló con los aceros.
Morante recibió con dos verónicas inmensas a su ejemplar, toro parado y al que trasteó sin apreturas, con sus insuperables detalles de torería y gusto. El público no se calentó, y la cosa quedó en ovación. El Juli anduvo con plena seguridad, más relajado que otras veces, dejando pausas entre las tandas mientras sonaba el pasodoble “Suspiros de España”. En las postrimerías pasó al repertorio de rodillazos, buscando el aplauso fácil. Y se llevó una oreja de premio.
Poco pudo hacer Sebastián Castella, ataviado con su americana que lleva en los festivales, que resulta tan poco taurina en contraste con el tradicional vestido de corto. Y es que fue el toro más deslucido del festejo. Abrió plaza el veterano diestro colombiano Pepe Manrique, con oficio, que estuvo más que digno ante un toro correoso y con movilidad. Y oro colombiano, Luis Miguel Castrillón (que sustituía al herido Roca Rey) toreó el último de los de a pie. Pechó con un toro manso que huía de los caballos y apretaba en banderillas, teniendo que tomar el olivo los sulbalternos. Incluso “El Jeringa”, que está haciendo una fenomenal feria, paso sus momentos de apuro. La res tenía un comportamiento cambiante, y no era papeleta fácil la de Castrillón, que anduvo con pundonor.
Cerró festeo con el ruedo embarrado el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, que tuvo una digna actuación con un toro no fácil. Con su maestría habitual, clavó a la grupa con acierto en banderillas Mató mal y se le ovacionó.









