Ureña fue cogido por su primero y el extremeño aprovechó el sexto para formar un lío.
Madrid, 31 de mayo.
Plaza de Las Ventas.
Vigésimoprimera de la Feria de San Isidro.
Toros de Adolfo Martín.
Antonio Ferrera, de blanco y oro, silencio, oreja y oreja en el que mata por Ureña.
Manuel Escribano, de pizarra y oro, silencio tras aviso en su lote.
Paco Ureña, de rosa y oro, ovación.
Fue cogido por su primero, sufriendo una cornada en el muslo izquierdo con dos trayectorias, una de 20 y otra de 10 cms. Fue intervenido en la enfermería sin poder salir a lidiar el sexto.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Los toros de Adolfo Martín, serios, encastados, con variedad de presencia y comportamiento, dieron a sus lidias la emoción suficiente para el disfrute de los que tuvieron ocasión de contemplarlas. Antonio Ferrera cortó dos orejas y estoqueó tres toros al ser herido Paco Ureña en su primero, único que mató, recibiendo una cornada con dos trayectorias de 20 y 10 centímetros. La segunda oreja la consiguió Ferrera con toreo de ligazón por ambos pitones, conectando con los tendidos, mirando al público cuando pasaba al toro, colocando puyazos subido al caballo del picador e intentando estoquear, citando desde muy lejos. Subió la emoción y el ambiente fue a más, hasta el punto de tener en su mano la oreja del astado que correspondió inicialmente a Ureña, quien estaba herido en la enfermería. Manuel Escribano recibió a portagayola a su lote, también banderilleó, intentándolo también con derroche de técnica y oficio en la muleta, pero no tuvo suerte en el sorteo pues uno apenas tuvo entrega, aunque sí mucho peligro, el otro fue reservón con escaso recorrido.
El primero de Ferrera, cinqueño, metió bien la cara en el capote pero apenas se desplazó, impidiendo el lucimiento. Se dejó en varas. Esperó con peligro en banderillas. Inició en el tercio con la muleta citando por el pitón derecho embistiendo andando, con la cara alta, reponiendo con rapidez y mirando lo que tenía al lado. Insistiendo y porfiando sacó meritorios muletazos. Quiso también probar por el izquierdo y a punto estuvo de ser cogido. Su segundo, cinqueño, humilló en el capote. En varas empujó. En banderillas saludó Ángel Otero poniendo dos pares de infarto. Con la muleta inició cerca de tablas llevándolo hasta el tercio. Citó con la izquierda, acudiendo pronto, embistiendo con fijeza y brío, cuajando una serie importante. En un momento de inspiración tiró la ayuda mostrándolo por ambos pitones y derrochando pasión. Desde considerable distancia se fue acercando despacio al toro para estoquearlo cobrando al segundo intento una estocada de efecto fulminante. Oreja. Su tercero, cinqueño, por cogida de Ureña, fue un toro serio, exigente y con desplazamiento al que recibió por verónicas y chicuelinas, rematando con sentida media. Subió al caballo del picador colocó una primera vara, yerró al segundo intento y en el tercero acertó en el sitio. Bajó corriendo quitando por chicuelinas entre el alborozo del respetable. Brindó a Paco Ureña dejando la montera en el albero, cerca de la entrada hacia la enfermería. En el tercio lo pasó con la muleta por el derecho, mirando a veces al tendido y andándole con torería. En el centro del ruedo lo exhibió por el izquierdo con el toro repitiendo, volviendo a mirar al tendido y rematando por abajo con el sonoro reconocimiento del respetable. Mató de media estocada larga desprendida y descabello. Oreja.
Manuel Escribano corrió serio peligro al recibir a su primer toro a portagayola, parándose el astado en el embroque, solventando con valor y poderío la situación. Se entregó en varas. Tuvo peligro en banderillas. Gracias a su consolidada técnica consiguió ligar con la muleta, soportando rebañamientos varios. La cara alta y la poca entrega hicieron el resto. En segundo, cinqueño, el par de banderillas al quiebro violín fue largamente aplaudido. Brindó al público. Con la muleta instrumentó aseados pases con la izquierda. Por el derecho las tandas fueron de igual calidad y, al permitir ligar por este lado, con mayor número de muletazos.







