Oreja para Manzanares

Tarde de expectación y lleno.

 

Sevilla, 29 de abril.

Quinta de feria.

Toros de Jandilla, bien presentados y de juego desigual, destacando primero y sexto.

Morante de la Puebla, ovación tras aviso y silencio tras aviso.
Diego Urdiales, silencio y ovación.
Jose Mari Manzanares, ovación y oreja.

 


Pepe Ruciero

Foto: Toromedia

 

Buen ambiente en los aledaños de la calle Adriano, anunciando el cartel de “No hay billetes”. Sevilla está a reventar, gentes de todos las partes del mundo que asisten a esta liturgia taurina. Tarde de mayoría de público y de minoría de aficionados. Un cartel atrayente de masas con tres toreros de los que se esperaba algún triunfo soñado. Los jandillas, muy nobles, la mayoría sin fuerza, fondo ni raza, no dieron opciones suficientes para un gran triunfo y todo quedo resumido en el corte de un apéndice por parte de José María Manzanares.

Reaparecía Morante de La Puebla, que desde su actuación el domingo de Resurrección no había vuelto a ponerse el traje de luces, tras haber acusado la lesión producida en la corrida de La Línea de la Concepción. Lanceó de salida a su primero con cadencia y temple, meciendo el capote, dejando dos verónicas para el recuerdo. Lo llevó al caballo por galleo rematando con unas ajustadas verónicas. Justo de fuerza, lo midió en el caballo. La sombra y detalles de Gallito se recordaron con un quite por verónicas con las manos altas. Con la franela Morante se dobló por bajo, con mucha torería. Puso ganas y ralentí en las series iníciales con la derecha, la rotundidad llegó con una serie por el izquierdo, que arrancó a la música. Mató de una estocada casi entera y el público pidió insistentemente la oreja, que el presidente no concedió.

Su segundo, un cinqueño adelantado, salió suelto de salida, haciendo amagos de reparado de la vista. Lo paró Lili y Morante no pudo lucirse con el capote, con la muleta se encontró con un toro que acusaba su defecto visual, lo pasaportó de metisaca, media y descabello.

Se gustó con el capote Diego Urdiales en su primero; el Jandilla se estrelló con el peto, adoleciendo escasez de fuerzas. Lo intentó con la muleta pero no tenía rival, el burel se mantenía en pie a duras penas, con la consecuente falta de recorrido. Mató de estocada caída. A su segundo le enjaretó unas verónicas que calaron en los tendidos. Brindó al futbolista Joaquín. Con la muleta inició una tanda con la derecha con suavidad y temple, pero el Jandilla se fue desinflando perdiendo fuelle y emoción y así es muy difícil construir una faena. Mató de una gran estocada.

El tercero de la tarde, con menos kilos que sus anteriores hermanos, lo recogió Manzanares a la verónica con exquisitez; tras un vistoso quite por chicuelinas, marca de la casa, se desmóntero Daniel Duarte en banderillas. Presentó Manzanares la muleta embarcándolo en muletazos de largo recorrido con dos series con la diestra. Con la zurda protestaba arriba a la salida del natural. Poco a poco el toro, se fue apagando. Mató de estocada entera.

La tarde se puso cuesta arriba y Manzanares arrancó los oles de su Sevilla partidaria en el recibo del último toro. Con prontitud se arrancó al caballo de Paco María, que ejecutó dos buenos puyazos. Destacados pares de banderillas de Mambrú, que saludó al respetable. Con empaque y torería, componiendo la figura, construyó Manzanares su faena de muleta con la diestra, faena de altos vuelos, con ligazón, arrastrando la muleta sobre el albero, colosal y poderoso, la obra estaba consumada ante este encastado toro de Jandilla. Mató de un pinchazo hondo y paseó una oreja.