Se ha estrenado hace unos días, en Madrid y Valencia, la película Animal/Humano, una producción de ambiente taurino que logra captar la atención del espectador sin que a lo largo de sus 90 minutos aparezca ni un solo muletazo. Para ver muletazos hubo que estar en La Maestranza de Sevilla.
Los dos públicos que quedan, o quedaban, Sevilla y Madrid, llevan un tiempo rebajando su personalidad, su equilibrio, su exigencia, su objetividad, su justicia. A la espera de San Isidro para ver si continúa la tendencia, remite o progresa, que es cuando se nota, analicemos el público de la de abril 2024, mediada la feria, que supongo será una postura hasta el final.
Han pasado muchas cosas importantes en La Maestranza sevillana durante la primera semana del abono 2024. Éxitos rotundos, faenas contundentes y detalles memorables. Y también una actuación épica que revela hasta dónde es capaz de llegar un torero, Manuel Escribano, que fue más allá de lo humano para engrandecer el sentido de la tauromaquia.
Sevillanitis al máximo: SEVILLA, con tantos toros buenos, tantas orejas, tantos triunfos, algunas exageraciones y hasta Puerta del Principín merece estudio y comentario aparte.
Para lograr algo, en el toreo o en cualquier ámbito de la vida, no hay más remedio que intentarlo, trabajar para conseguir esa meta que te has propuesto. Esperar que las cosas lleguen por sí solas es algo que ni siquiera sucede con la lotería: antes tienes que comprar una participación.
Antes de empezar recordemos que “Suerte te dé Dios que el saber de nada importa” y “A quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga”. Hay quien vale y tiene mucha suerte. Otros que valen y no la tienen. Y otros, muchos, que no valen y la tienen. Pues Curro Romero no está en ninguna de estas clasificaciones, sino más arriba. Curro vale, valió, y tiene, tuvo, muchísima suerte, como si le tocara todos los días la lotería.





