Pasear por la finca Jandilla es descubrir un tesoro medioambiental de incalculable valor. Entre la frondosa hierba resplandeciente cohabitan animales en peligro de extinción que tienen junto a los toros, y gracias a ellos, una morada de lujo, un edén de la biodiversidad.

La corrida del pasado día 1 de abril en Sevilla, el tradicional  festejo del Domingo de Resurrección que tanta expectación había  levantado (y que logró que se acabase el papel con alguna antelación), no defraudó. Y no sólo por la triunfal actuación de Roca  Rey o por la meritoria faena de Antonio Ferrera a su segundo,  premiada con una vuelta al ruedo. También hubo una fuerte ovación  para uno de los picadores de José María Manzanares, Paco María, que  agarró un buen puyazo, a decir de los expertos presentes, al picar al  segundo de la tarde.

Casi al mismo tiempo que daba un muy importante paso para acabar de  una vez por todas con el tan nefasto “prusés” catalán -mandando a  chirona a varios de sus cabecillas que quedaban libres y haciendo que  alguna que que otra rata (en sentido figurado, eh) abandonase el barco a  la carrera, con nocturnidad y alevosía- la justicia asestaba a la  tauromaquia un feo bajonazo que puede hacer mucho daño.

COLOCA AQUÍ TU PUBLICIDAD

PÍDENOS PRESUPUESTO

PÍDENOS PRESUPUESTO